La semana pasada planteamos una interrogante sobre el equilibrio de nuestra institucionalidad digital. Al analizar las primeras declaraciones de la nueva dirección de AGESIC, Cristina Zubillaga, a La Diaria, surge un concepto que merece una reflexión profunda: la «creatividad» para gestionar ante un presupuesto definido como «muy exiguo».
En tecnología gubernamental, la creatividad es una virtud para innovar, pero no puede ser el sustento de la gobernanza. Mientras celebramos que programas como Uruguay Innova cuenten con fondos de hasta 50 millones de dólares para potenciar la investigación y el desarrollo, no podemos ignorar que la supervisión de esos avances requiere un músculo institucional que hoy parece estar bajo presión financiera.
¿Por qué es un riesgo país?
La gobernanza no es solo «hacer que las cosas funcionen», es asegurar que funcionen bajo reglas claras para todos. Existen mandatos legales vigentes que no admiten esperas ni falta de recursos:
- El inventario de activos (Decreto 275/025): Los organismos tienen plazos estrictos (120 días, que vencieron hace algunos días) para inventariar sus sistemas. ¿Cómo supervisará AGESIC este cumplimiento si su presupuesto apenas cubre lo operativo?
- La supervisión ética (Decreto 276/025): El artículo 6 de este decreto exige transparencia y rendición de cuentas en el uso de algoritmos. Sin una agencia con capacidad de auditoría técnica real, el uso de la Inteligencia Artificial en el Estado corre el riesgo de volverse una «caja negra».
Delegar la estrategia a centros de innovación (como el nuevo Centro Nacional de IA) es un paso hacia la competitividad, pero desplazar la gobernanza hacia estructuras que priorizan la agilidad sobre el control puede erosionar la confianza ciudadana que tanto nos costó construir a lo largo de los más de 20 años de existencia de la Agencia.
Uruguay necesita que la innovación y el contralor caminen a la par. Una AGESIC descapitalizada no solo es un problema administrativo; es una vulnerabilidad en nuestra arquitectura de derechos digitales. La política tecnológica del país será exitosa solo si logramos que el motor de la innovación tenga, en la vereda de enfrente, un regulador con los recursos necesarios para garantizar la seguridad y la ética de todos.
